
Después de haber visto Celda 211, dirigida por Daniel Monzón comprobé que el tópico de la mala calidad del cine español no es aplicable a todos los casos. Juan Oliver, interpretado por Alberto Ammann es un funcionario recién llegado que en teoría, iba a comenzar a trabajar en la cárcel donde hay un motín al día siguiente, se ve obligado a hacerse pasar por un preso más. Concretamente, debe quedar bien con un preso apodado Malamadre, interpretado por Luis Tosar. Se trata de un argumento distinto a muchas de las películas españolas, ya que es algo que no suele pasársenos por la cabeza, es decir, no se trata de una historia cotidiana, común. A pesar de estar basado en la novela “Celda 211” de Francisco Pérez Gandul, algo que quizás reste mérito a Daniel Monzón, es completamente distinto el hecho de leerlo, donde sólo hay lugar para la imaginación, que verlo. Es completamente distinto el mero hecho de imaginárselo, aunque sea con detalles, que el hecho de verlo, aunque no sea en directo. Pero ese no es el único factor destacable en esta película. Mientras estás viéndola, sientes la sensación de estar dentro de la cárcel, lugar en el que se desarrolla la mayor parte de la película. Esto facilita ponerse en la piel del protagonista. Los planos, por lo tanto, son muy cercanos y, los espacios, cerrados. De todas formas, a pesar de que la mayor parte de la película se desarrolla en la cárcel, hay tres planos: la casa de Juan, el ámbito de los trabajadores en la cárcel y el mundo de los presos, al que esta película acerca, ya que, para la mayoría de las personas es algo inconcebible. Es decir, en la rutina de una persona normalmente no entra la cárcel (con esto me refiero tanto a pasar una estancia en ella como a tener seres queridos allí).
En un primer momento pensaba que la película iba a resultarme demasiado lenta, debido a su larga duración, 105 minutos. Sin embargo, no fue así, ya que esos 105 minutos pasan volando, da la sensación de que, en lugar de ser 105, son 30.
La interpretación de los actores, tanto Alberto Ammann como Luis Tosar, es fascinante, ya que aportan una dosis de realismo, se mete de lleno en el papel de Malamadre, adoptando una auténtica pose de delincuente. Por su parte, encaja perfectamente su papel de “doble vida”, la cual le resultará al personaje difícil de llevar, ya que está casado y con un hijo en camino.
Lo mismo puede decirse de los diálogos, de auténticos presos. Esta es otra de las razones por las que el espectador cree estar realmente en la cárcel mientras ve la película, y no en el cine, en el sofá de su casa o sentado delante de la pantalla del ordenador.
Celda 211 no sólo nos acerca a un mundo completamente desconocido para nosotros, sino que también nos hace vivir una mezcla de sentimientos. El título también encierra un secreto, pero eso en una crítica no creo que deba desvelarse. He preferido optar a que la gente interesada en verla, averigüe viéndola, no simplemente a través de una crítica de cine.
Personalmente, nunca he sido seguidora de estos Alberto Ammann ni de Luis Tosar. Es más, hasta que no vi la película no supe de su existencia, pero una vez vista, me han causado buena impresión y, posiblemente, a partir de ahora estaré más pendiente de la trayectoria de estos profesionales. Tampoco conocía a Daniel Monzón, y lo mismo digo de él, estaré también pendiente de su trayectoria
Recomiendo verla, para cambiar, en cierto modo, el tópico de la mala calidad del cine español. Porque sólo es eso, un tópico. Que exista ese tópico no significa que sea cierto en absolutamente todos los casos.
